Puntos Cardinales

Monday, May 09, 2005

La crónica: un ambiente, un mundo

Sant Jordi, un carnaval erótico-festivo carente de glamour

Cuenta la leyenda que en los alrededores de la ciudad de Sirena, capital de Pentápolis, un valiente caballero se enfrentó a un dragón para rescatar a una princesa. De la sangre que brollaba de la herida del monstruo, brotó un rosal de rosas rojas. Sant Jordi, pues así se llamaba el héroe, tomó una y se la tendió a la princesa.
En los avatares del siglo XXI, las rosas que compramos por Sant Jordi pueden ser rojas, amarillas, verdes, azules, blancas, negras, de topos, a rayas... y todas ellas pueden adquirirse por un módico precio que oscila entre los 3 y los 4 euros la unidad, o por 3,75 euros si se trata de la oferta “dos por uno”. Los esposos, novios, amantes y amigos serán caballeros por un día regalando una rosa a sus respectivas princesas. En el día de hoy, Sant Jordi, la clásica táctica femenina para llamar la atención de “-cariño, no hace falta que me compres nada-”, no es válida. Desde primera hora de la mañana del veintitrés de abril, en las céntricas calles de Barcelona, ya se están vendiendo las “últimas” rosas. Las lejanas notas sensuales de un romance han dado lugar a un espectáculo erótico-festivo donde lo esencial es aprovechar el tirón comercial de la fiesta.

A medida que el sol se apodera del cielo, el ambiente se va tiñendo de júbilo. Poco a poco, el paseo de Gracia se va sembrando de tenderetes provistos de todo tipo de libros, desde manuales de autoayuda hasta los best-sellers del momento.
Las arterias de la ciudad se saturan de gente que avanza a través de ellas diluida entre la multitud, dejándose arrastrar por la marabunta humana. El sol pesa ahora sobre nuestras cabezas. Todos formamos un compacto conglomerado humano, asfixiado por el calor y por la lentitud con que avanza el gentío. Se respira el sudor. Comentarios como “-aquí hay que pasar a hostias-” retumban en mis oídos y me agobian con mayor ímpetu aún.

Tomo aire en el asediado puesto de “Happy Books”. Todos los libros están rebajados un 10% del precio habitual. Este descuento, sumado al factor de una fecha puntual como es Sant Jordi, enloquece a lectores, también deba decirse, “puntuales”. Todos ellos corren desesperadamente en todas direcciones cual lobos en celo. En celo debe estar Antonia, una sesentona que interroga de manera inquisitiva a la librera sobre el precio y la localización del Kamasutra. Y lo hace mientras sostiene su última adquisición, un ejemplar de la séptima edición de la novela Pasión india, de Javier Moro. En definitiva, esta mujer necesita un revolcón. En cualquier caso, ¿optará Antonia por la versión extendida, de 9 euros, o por un pequeño manual con explícitas fotografías en color, de 10 euros? Sea cual fuere la elección de Antonia, regalar un Kamasutra a la pareja puede resultar un estimulante obsequio de resultados recíprocos con el que, además, se podría contribuir a fomentar la natalidad – dudo que sea éste el caso de la ya entrada en años Antonia-.


Sexo y comida, un cóctel explosivo

Este mismo patrón sexual explica que Prohibit als pares, del presentador radiofónico y televisivo Josep Llobató, sea uno de los dos libros de no ficción más vendidos en este día. El otro título es Cuina per solters, del cocinero Ismael Prados. Sexo y cocina son dos temas que van de la mano. Los sabores y las texturas de los alimentos son un placer para los sentidos. Por ello, montañas de libros de recetas culinarias copan las estanterías de todas las librerías. Cocina asiática, mediterránea, vegetariana... mas son los postres los que se llevan el gato al agua. Basta con dejarse caer por la pastelería “Mistral”, en el número 8 de la Ronda de San Antonio. Las rutinarias barras de cuarto y de medio han sido sustituidas por tartas y panes de Sant Jordi, más apropiados para la ocasión. Finas capas de hojaldre se intercalan con crema pastelera hasta reproducir la forma de un libro. La parte superior simula el lomo del mismo, nevada del azúcar molido que cualquier otro sábado hubiera hecho lo propio con las ensaimadas. En el centro, un Sant Jordi de canela clava su lanza al dragón.
A escasos metros de allí, el chocolate –ese codiciado sustitutivo del sexo y, según recientes estudios, antioxidante y anticelulítico- es el objeto de deseo de una cola de personas a la puerta de una bombonería. Los clientes son mayoritariamente varones. He oído que muchos de los hombres que son infieles en sus matrimonios, canalizan sus remordimientos sorprendiendo constantemente a sus señoras con algún detalle.


Demasiado "glamour" para ser verdad

En el quiosco de la esquina, reparo en la edición de abril de la revista Cosmopolitan. Una tal Jessica Alba, de pechos exuberantes, acapara la portada. La joven está embutida en un modelito de idéntico corte al que la actriz Gwyneth Paltrow lució en la ceremonia de los Oscar, pero en azul celeste –el de la Paltrow era rosa pastel-. Unos pasos más allá, donde la Ronda de San Antonio converge con la calle Pelayo, una mujer corpulenta, de mediana edad y mofletes rechonchos, sonriente, vende rosas disfrazada de doncella medieval, como si de una Dulcinea del Toboso que aguarda a su Don Quijote se tratara. El pistacho, color imperante en todos los escaparates de las boutiques, protagonizará sin duda la temporada primavera-verano. Los tirantes y las sandalias de esparto y cuña pronto aterrizarán en nuestros guardarropas. De cara al mediodía, el calor se torna agobiante. Dos palomas, macho y hembra, arrullan mientras baten las alas alborozadamente. Ciertamente, la primavera la sangre altera. Una pareja, hombre y mujer, se funden en un abrazo. Una repentina ráfaga de viento ha despeinado la voluminosa melena de ella. Por un instante, los cabellos de ambos amantes se han confundido. El erotismo impregna cada pétalo de cada rosa, cada brizna de aire, las notas de color del paisaje urbano; está presente a cada paso, en todos los escaparates, en cada uno de... súbitamente, un camarero asoma la cabeza desde el interior de una taberna y grita: “¡Pejcaíto frito! La tapa a 3,75”. Y se esfuma la esencia de un momento “glamouroso”.

2 Comments:

  • At 10:11 AM, Blogger Isabel Ros Fernández said…

    Vaya, vaya. Es una visión del día de Sant Jordi muy extraña: jamás se me hubiese ocurrido reflejarla de este modo. Un punto de vista curioso, realmente. Cuando J.M.Perceval propuso como opción analizar la fiesta desde el punto de vista erótico-festivo, pensé que se estaba quedando con nosotros. Y creo que lo hizo. Pero no contigo. Me ha gustado mucho leer tu crónica: amena, anecdótica, con la esencia de esas pequeñas cosas que no acostumbramos a apreciar. Por mi parte, enhorabuena: conseguiste que la acabara de leer sin resoplar una sola vez y desprendiendo de mis labios un par o tres de sonrisas.

    Un besito :**

     
  • At 1:52 AM, Blogger Joan Ramírez Soley said…

    ... sense dubtes... ara ets una Samantha + Carrie... V_V sin lugar a dudas. oix... jo tb estic d'acord q el sexe i el menjar van de la mà... sobretot menjant en el sexe xDDD jajaja... Ara en serio, m'ha agradat molt la crònica! és diferent, com diu la Isa.. menudo punto de vista! he rigut molt!
    stas com una cabra! XDD

    ki6!!!

     

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